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¿Tienen futuro las Viviendas Prefabricadas?

La fama de las viviendas prefabricadas no para de crecer y las empresas que las ofertan tampoco. La idea de construir en una fábrica y después montar la vivienda en la ubicación final no es nueva.

Historia de la Vivienda Prefabricada

A lo largo del siglo XX surgieron experiencias de corte futurista, como la casa Dymaxion de Buckminster Fuller, original de 1927, o la casa del futuro de Alison y Peter Smithson, en 1956.

Nacen de una visión novedosa y optimista del modo de habitar pero quizá un tanto desconectada de los gustos de la época.

El modo en que se diseña permite pocas opciones y la personalización para adaptarse a los gustos y necesidades del usuario final son pocas. Son casi un manifiesto de cómo se podría vivir en el futuro.

Otro proyecto muy interesante es el sistema Moduli, de Kristian Gullichsen y Juhani Pallasmaa, realizado en 1968. Se trata de un sistema preindustrializado, en el que se fabrican elementos normalizados como vigas, pilares, paneles de fachada, particiones, etc. y se montan en obra como un mecano.

Al contrario que los anteriores, el sistema permite muchas combinaciones y acabados para adaptarse a los requerimientos del cliente. A pesar de que se construyeron unas 60 unidades el producto no llego a ser rentable.

Ventajas de las viviendas prefabricadas

Hoy en día el número de empresas que ofrecen viviendas prefabricadas es muy elevado. Desde luego el sector evoluciona, pero en el caso concreto de las viviendas prefabricadas por qué sucede esto y qué ventajas dicen ofrecer.

Así de corrido son sencillez, eficiencia, versatilidad, tiempo y ahorro. Todo esto es muy bonito en teoría, pero qué pasa si analizamos estas ventajas con respecto a una construcción tradicional, si entendemos ésta como la no prefabricada.

Con respecto a la sencillez de un único interlocutor, la sociedad demanda productos finales, y en la construcción de la vivienda intervienen muchos agentes.

Desde luego el proceso se facilita pero se basa en la confianza que el cliente deposita en esta empresa, y esta no es una característica exclusiva de la construcción prefabricada.

El argumento de la eficiencia energética está bien, pero como en el caso anterior tampoco es exclusivo de la construcción prefabricada.

La normativa exige unos estándares mínimos que deben cumplir todas las construcciones y existen en ambos casos, un incremento de precio final a mayor eficiencia energética.

El tema de la versatilidad es muy interesante. Cuando una empresa ofrece múltiples opciones de vivienda tanto en espacios como en materiales, suelen estar dentro de lo que el proceso de fabricación permite.

Tiene la ventaja de que el cliente lo puede ver en unos modelos pero en realidad es más bien una desventaja con respecto a la construcción tradicional, en el que la configuración de la vivienda sí es total.

El principal argumento en la mayoría de los casos, es el ahorro en el coste de la obra. Al ser un proceso industrial, controlado y contrastado no van a existir incertidumbres ni aumentos de precio no previstos.

Y en teoría esto es cierto pero por nuestra experiencia, el único motivo que hace bajar el precio de la obra es el tiempo. El ratio de 1000 €/m2 en el precio de construcción para vivienda unifamiliar, es válido tanto para la construcción tradicional como para la prefabricada.

Esto puede que cambie en el futuro, quizá más pronto que tarde, pero a día de hoy no es así pues en igualdad de calidades de acabados, sistemas de instalaciones, elementos constructivos y superficie, el precio se mantiene.

La ventaja que es indudable es el tiempo de construcción. Si no contamos los procesos administrativos, una vivienda prefabricada se puede montar en tres o cuatro meses, incluyendo el tiempo de fabricación en taller, mientras que una tradicional es difícil que baje de los nueve meses de construcción.

Es curioso como se contraponen los conceptos para entenderlos, en el caso de hoy tradicional versus prefabricado. Pero si lo pensamos bien, ese elemento tan denostado y símbolo de la burbuja inmobiliaria, el ladrillo, no deja de ser un elemento prefabricado.

Es evidente que lo que entendemos ahora por prefabricado será un estándar, pero ojalá pensemos en cómo queremos vivir, y el modo en que construyamos sea sólo una consecuencia.

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